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César Vallejo, berühmter Dichter aus Peru
César Vallejo, geboren 1892 in Santiago de Chuco (Peru) starb 1938 in Paris. Sein Werk stellt den radikalsten Bruch mit der lyrischen Tradition in der ersten Hälfte des Jahrhunderts in der spanischen Sprache dar und beeinflußte maßgeblich die Entwicklung der Literatur.

César Vallejo nació en Santiago de Chuco, Perú, en 1892. En 1918 publica su primer libro de poemas: Los heraldos negros. En 1920 es acusado injustamente y encarcelado durante 112 días. En 1922 publica Trilce; un año después, publica algunas prosas y viaja a París.
En 1928 viaja a la Unión Soviética y a su regreso a París rompe con el APRA. En 1929 regresa a la Unión Soviética y un año después viaja a España. Regresa a París pero es expulsado por razones políticas; se translada entonces a España de nuevo.
En 1931 publica su novela Tugsteno. Viaja de nuevo a la Unión Soviética y se inscribe en el Partido Comunista de España. En 1932 regresa a París y vive en la ilegalidad. En 1937 asiste al Congreso de Escritores Antifascistas en Madrid.
Murió en Paris, un día del cual tenía ya el recuerdo, en 1938. En 1939 se editan, de manera póstuma, los Poemas humanos.


Uno de los poemas más famosos de César Vallejo fue:

LOS HERALDOS NEGROS
Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán talvez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema

Y el hombre... Pobre... pobre! Vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!


1. Mi primera clase de spinning - Mein erster Unterrichtstag von Spinning

Autor Jaime Bayly

Estaba estirándome en la cama el domingo en la mañana cuando Sandra me preguntó: ¿por qué no vienes al spinning conmigo? Había dormido bien y me provocaba sudar un poco, así que decidí acompañarla. Ella me advirtió que la clase sería fuerte para un principante como yo, pero me reí en su cara y le dije que sería un paseíllo para mí.

-Tu clasecita de spinning me va a servir de calistenia antes de hacer mi rutina en el gimnasio -le dije, y ella apenas sonrió.

Confiado en mi buena condición física, me puse ropa deportiva y anteojos oscuros y, cargando una botella grande de agua, me dirigí al gimnasio dispuesto a estrenarme en la moda universal del spinning, un ejercicio que miles de mujeres y algunos hombres, subidos en sus bicicletas estáticas y pedaleando frenéticamente al ritmo de una música demencial, practican con una especie de devoción religiosa y celo fanático. Esto lo tenía muy claro antes de subirme a la bicicleta: el spinning no es un ejercicio más, es una secta peligrosa a la que no cualquiera puede pertenecer.

-Si te cansas y no puedes seguir, dejas de pedalear y te bajas de la bicicleta -me dijo Sandra cuando entramos al gimnasio.

-No me hagas reír, por favor- le dije, con una sonrisa arrogante. -Yo he jugado fútbol de chico, corro todos los días, mis piernas están entrenadas, ¿tu crees que no voy a poder montar bicicleta una horita?

El profesor de spinning se llamaba Tony y era un muchacho bajito, musculoso y saltarín, uno de esos gringos perfectamente felices que todavía no se han enterado de que algún día se van a morir. Le entregué mi ticket número 6 y me dijo que jalase mi bicicleta y la colocase en algún lugar frente a él. La maldita bicicleta pesaba una tonelada y no había cómo moverla de allí. Estaba arrastrándome como un condenado para desplazarla cuando alguien me hizo notar que debía levantarla y hacer girar sus rueditas. Fue un buen consejo. Puse la bicicleta detrás de todos, me subí a ella, respiré hondo y tranquilo y eché un vistazo: seis jóvenes mujeres comenzaban a pedalear de espaldas a mí, y todas eran guapas y llevan poca ropa deportiva, especialmente una brasilera que había amanecido ese domingo con la feliz idea de hacer bikini-spinning, lo que me permitía la gozosa contemplación de su cuerpo y parte de su alma.
-Comenzamos bien el spinning- pensé, mirando las piernas estupendas de la brasilera, pedaleando con pleno dominio de la situación.

Tony puso una música lenta tipo Enya para calentar, aplaudió con entusiasmo, gritó frases de aliento que juzgué exageradas e innecesarias y pidió que nos preparásemos para la posición número uno. Como yo, a mis 35 años, sólo conocía una posición para montar bicicleta, seguí pedaleando en mi posición uno (y única).

La música era suave, las chicas estaban lindas, la brasilera montaba bici casi calata, Tony movía el cuello distraído como si fuese bailarín de Ricky Martin y yo, pedaleando seguro y ganador, pensaba: -Me está gustando esto del spinning.

Entonces comenzó una canción algo violenta y la cosa se aceleró bastante, pero mantuve todo bajo control. Una música afiebrada invadió el gimnasio, sacudió los gigantescos espejos en los que nos veíamos reflejados, alborotó a Tony y las chicas y nos lanzó a pedalear como enloquecidos.

-Posición dos- gritó Tony, y como no le hice caso y seguí en mi posición única, se bajó de su bicicleta, se acercó a mí con un airecillo condescendiente y me dijo que la posición dos consistía en montar bicicleta sin apoyar las posaderas, es decir casi parado sobre los pedales.

 

Obedecí sus instrucciones y empecé a pedalear como lo hacían él y las chicas, y a partir de ese momento mi vida cambió dramáticamente y para siempre. Si el personaje de Conversación en la Catedral me preguntase:

-¿En qué momento se jodió tu vida?, tendría que decirle: -Cuando pasé a la posición dos y pusieron la versión trance de American Pie cantada por Madonna.

 

Porque así fue: apenas habían pasado diez minutos y ahora yo pedaleaba de pie como si estuviese escalando el Himalaya en bicicleta y mi esmirriado cuerpo de trabajador intelectual empezaba a bañarse en sudor y la gorrita se me caía al piso (y con ella mi orgullo) y Tony el instructor me gritaba que pasase a la posición tres y que pedalease más rápido y yo con la mirada clavada en el reloj sólo tenía un pensamiento acosándome, flagelándome: ¿cuánto falta para que termine esta pesadilla?

 

Pero el reloj parecía detenido: juro que no se movía. Entretanto, mi corazón saltaba, mis piernas se hamacaban, mi optimismo caía al suelo en forma de sudor y el espejo me devolvía la figura de un hombre que pedaleaba con tanta torpeza como angustia, sabiendo que esa estúpida clase de spinning podía acabar con su vida y sus más dulces ambiciones.

Miré a Sandra: sonreía fresquita desde su bicicleta, pedaleando a mil por hora como toda una profesional. Juré que no pararía de pedalear, aunque tuviesen que sacarme muerto. Mi orgullo estaba en juego. No permitiría que Tony y su secta de fanáticas me humillasen. Pasé a la posición tres y empecé a descargar mis últimas energías en esos pedales imposibles. Vi el reloj. Sufrí entonces mi primer mareo: ¡faltaban cuarenta y cinco minutos para terminar, y yo estaba a punto de desfallecer!

 

-Eso me pasa por no ir a misa -pensé, jadeando como un enfermo terminal-. Voy a morir hoy domingo haciendo spinning.

 

Pensé que mirar a la brasilera semidesnuda me devolvería los bríos perdidos, así que desvié la mirada hacia ella, pero gruesas gotas de sudor caían sobre mis achinados ojos, nublando mi visibilidad y empañando de paso mis lentes. Casi no podía ver. Mi cara era un asco de sudor, una mueca agónica, la angustia del que siente cerca el final.

 

Cuando se cumplió la primera media hora, el panorama era poco alentador:

no sólo sudaba a chorros, me temblaban las piernas, mi corazón bailaba un mambo taquicárdico y yo no podía ver, sino que además, para agravar las cosas, empecé a toser convulsivamente, una incesante mucosidad comenzó a descender por mis orificios nasales y noté un dolorcillo alarmante en la zona baja posterior, allí donde descansaba mi humanidad en la posición número uno. Dicho de una manera más cruda: me dolía tanto el trasero que ya no podía sentarme y sólo lograba pedalear en las posiciones dos y tres, que desgraciadamente eran las más extenuantes.

 

Tony cometió entonces un grave error: acallando por un momento sus chillidos de felicidad ciclística, bajó de su máquina, caminó hacia mí y se permitió criticarme (con ánimo seguramente constructivo). Me dijo que debía pedalear más rápido, no apoyarme tanto en mis brazos y encorvar más la espalda para que todo el peso de mi cuerpo recayese sobre mis estragadas piernas.

 

-Más rápido, más rápido -me gritó, sin advertir que estaba a punto de desmayarme-.

 

Reconozco que perdí el control y pido disculpas por ello. Tony no merecía que lo mirase con tanto odio empozado y que le mentase la madre mentalmente. Tan turbia y amenazadora fue mi mirada, que se marchó a su posición de líder y dejó de mirarme.

 

-Si voy a morir haciendo spinning, al menos déjame que muera pedaleando a mi ritmo, gringo malnacido -pensé, y ahora pido disculpas por ello.

 

Tony se vengó porque puso unas canciones trance violentísimas, vertiginosas -al lado de las cuales las del rapero Eminem parecían baladas de amor- pero yo no me dejé intimidar y, alentado por una mirada afectuosa de Sandra, empecé a dominar las posiciones uno, dos y tres y sentí de pronto el inesperado vigor de un segundo aire. Pensé que lo peor había quedado atrás cuando súbitamente mi pierna izquierda dejó de moverse, se trabó y, por mucho que insistí en seguir pedaleando al ritmo de la música trans, mi cuerpo se enzarzó en un nudo con los pedales porque, maldición, los pasadores de mi zapatilla izquierda se habían enroscado con la bicicleta y mi insistencia por seguir haciendo spinning heroicamente provocó lo que ahora narro con dolor: mis pasadores, mi zapatilla, el pesado armatoste de fierro y yo mismo caímos al suelo húmedo de sudor. Como si nada hubiese pasado, las lindas chicas siguieron pedaleando ensimismadas y sólo Tony se acercó preocupado, me ayudó a levantarme, me dio permiso para tomar agua (juro que me dio permiso para tomar agua: por eso digo que el spinning es una secta peligrosa que quiere apoderarse del mundo) y me preguntó si quería sentarme a descansar.

 

-No -le dije, empapado en sudor, moqueando, los anteojos empañados, sin una zapatilla-. Voy a seguir hasta el final.

 

Y así fue. Terminé mi primera clase de spinning sin dejar de pedalear.

Orgulloso, bajé de la bicicleta, respiré hondo y sentí que la pesadilla había terminado.

 

-Ahora suban las piernas encima del timón y estírense -gritó Tony, y yo lo miré con todo el odio del que fui capaz, y luego me estiré malamente sobre ese charco de sudor en el que había perdido mis mejores energías dominicales.

 

Al salir, Sandra me felicitó y me preguntó si quería hacer unos abdominales. No le respondí. Ha pasado una semana y todavía no le hablo.

 

Tampoco puedo sentarme: por eso escribo estas líneas parado. -ENDE-

 

 

Aufgaben

 

1. Warum geht es in der Geschichte?

2. Wie ist die Beziehung zwischen Tony y Jaime?

3. Wer ist Sandra?

4. Hat es Jaime gefallen und kommt er wieder?

Vocabulario

- Felicitar: Gratulieren

- Terminar: Beenden

- Dar permiso: Erlaubnis geben

- Pedir permiso: Erlaubnis bitten

- Respirar hondo: Tief Atmen


_________________________________________________________________________ 

 

2. Historia de una entrevista: La recibimos de un mail y nos encanto. El autor es anónimo (a ver si reporta)

Para que tomen nota en su próxima entrevista de trabajo.

Esta es la redacción que fue escrita por un candidato en una selección
de personal en Volkswagen; la persona fue aceptada y su texto está
haciendo furor por su creatividad y sensibilidad... ahí les va...

....Ya hice cosquillas a mi hermana sólo para que dejara de llorar, ya
me quemé jugando con una vela, ya hice un globo con el chicle y se me
pegó en toda la cara, ya hablé con el espejo, ya jugué a ser brujo. Ya
quise ser astronauta, violinista, mago, cazador, y trapecista, ya me
escondí atrás de la cortina y dejé olvidados los pies afuera, ya corrí
por el timbre del teléfono, ya estuve bajo la ducha hasta hacerme pis.
Ya robé un beso, confundí los sentimientos, tomé un camino errado y sigo
andando en lo desconocido. Ya raspé el fondo de la olla donde se cocinó
la crema, ya me corté al afeitarme muy apurado y lloré al escuchar
determinada música en el ómnibus. Ya traté de olvidar a algunas personas
y descubrí que son las más difíciles de olvidar. Ya subí a escondidas a
la azotea para agarrar estrellas, ya subí a un árbol para robar fruta,
ya me caí por una escalera. Ya hice juramentos eternos, escribí el muro
de la  escuela y lloré sentado solo en el piso del baño por algo que me
pasaba, ya huí de mi casa para siempre y volví al instante siguiente. Ya
corrí para no dejar a alguien llorando, ya quedé solo en medio de mil
personas sintiendo la falta de una sola. Ya vi ponerse el sol y cambiar
al rosado y al anaranjado, ya me tiré a
la piscina y no quise salir más, ya tomé whisky hasta sentir mis labios
dormidos, ya miré la ciudad desde arriba y ni aún así encontré mi lugar.
Ya sentí miedo de la oscuridad, ya temblé por los nervios, ya casi  morí
de amor y renací nuevamente para ver la sonrisa de alguien especial, ya
desperté en medio de la noche y sentí miedo de levantarme. Ya aposté a
correr descalzo por la calle, grité de felicidad, robé rosas en un
enorme jardín ya me enamoré  y creí que era para siempre, pero era un
"para
siempre" por la mitad. Ya me acosté en el pasto hasta la madrugada y vi
cambiar la luna por el sol, ya lloré por ver amigos partir y luego
descubrí que llegaron otros nuevos y que la vida es un ir y venir
permanente. Fueron tantas cosas que hice, tantos momentos fotografiados
por la lente de la emoción y guardados en ese baúl llamado corazón.

Ahora un formulario me pregunta, me grita desde el papel: ¿cuál es su
experiencia? Esa pregunta hizo eco en mi cerebro
experiencia....experiencia... ¿Será que cultivar sonrisas es
experiencia?

No, tal vez ellos no saben todavía ver los sueños. Ahora me gustaría
preguntarle al que redactó el formulario: Experiencia? ¿quién la tiene
si a cada momento todo se renueva???

Aufgaben

- Was möchte der Auto sagen mit dem Satz: Experiencia? ¿quién la tiene
si a cada momento todo se renueva???

Vocabulario

- Madrugada: In der Früh

- Guardar: verstecken, einordnen

- Llorar: weinen

- Juramentos eternos: Ewiger Versprechungen

- Renovar: Erneuern


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3. Los pecaditos de Miguelito

 

Era una vieja tuerta con una pierna más corta que la otra y para colmo de males sin oreja derecha que la había perdido o mejor dicho que se la había cortado su padrastro de un certero machetazo cuando encontró un día a la muy pervertida encamada con Juancito, su hermanastro de nueve añitos, haciendole la posición del zapatero.

Lulú no sólo perdió ese día su oreja sino también su virginidad y verguenza y todo esa tragedia, contaba ella siempre a sus amantes furtivos, le pasó por muy puta y pervertida.   

 

Y es que a la pobre Lulú no le quedaba otra…

 

Acostarse con su hermanito, sabía ella que era un pecadote y se iría al infierno y nunca encontraría a su padre en el paraíso pero que mierda penso un día y que se jodan todos…

Lulú solo quería una pinga grande que le hiciera doler todos los huesos. Ella no quería como sus amigitas sólo un besito en la mejilla y ni soñaba tampoco con principes cabrones sino con hombres pingones y sucios que le mordieran sus piernas y su chuchita. Lulu quería que la revuelquen en la cama, le jalen los pelos y le habran las piernas hacia el cielo. Ella quería venirse con una pichula gorda y larga, ahí bien adentro.

 

Hasta sus quince años ningún limeño valiente se había atrevido a satisfacerle sus deseos carnales y la picazón de hormigas debajo de su ombligo crecía cada día con más fuerza.

La picazón venía todas las mañanas, tardes y noches y esta maldita angustia la consumía y asfixiaba lentamente.

La picazón no pasaba ni con agua fría, ni con oraciones de rodillas y ni los deditos ayudaban ya a matar a esas hormigitas que caminaban entre sus muslos morenitos y cálidos.

 

Las hormigitas arrebataban con todo a su paso…

 

Así que un día de locura agarró desprevenido a Juancito, el hemanastro santurrón de nueve añitos, que contaba siempre a sus papás, que cuando sea grande quería ser el sacerdote más bueno de todito el Perú y hasta del mundo entero y así llegar a ser algún día un verdadero santo para hacer muchísimos milagros en Lima y provincias…

 

Sucedió en una mañana de verano cuando comenzó a cantar el gallo tuerto de la vecina Magnolia. Lo agarró desprevenido al hermanito que dormía como un angelito, Lulú se metió cuidadosamente como una gatita debajo de las sábanas blancas de Juancito, se acurrucó primero muy suavemente sobre el pechito del hermanito y escucho su corazoncito que latía cada vez más rápido. Poco a poco fue bajando muy delicatamente lamiendole primero las tetillas, llegando al ombligito y finalmente metiendo su boca debajo del calzoncillo blanquito. Su pingita estaba domidita pero esto no se podía quedar así entonces comenzo Lulú a mamar y a mamar esa cosita tan inocente pero tan rica. Y así se le fue parando al Juancito picarón…

 

Y es que las pingas ni a las hermanas respetan…

 

Ese día, sin querer Lulú, le jodió la vida al hermanito de sábanas blancas cambiándole el destino porque Juancito jamás se volvió cura ni nunca pudo conocer al Papa ni el Vaticano y ahora trabaja de ambulante en las calles de Lima sin puesto fijo y vive con una negra puta de Chincha con diez hijos de los cuales sólo cinco se parecen a él…

 

Juancito fue la primera victima de Lulú pero no sería tampoco la única en el camino que eligió y comenzó a andar…

 

Y no sólo se quedo la muy pecadora sin oreja sino también sin casa y terminó en la calle sastifaciendo su picazón. La vida de Lulú cambió de golpe y por eso también se bautizó de nuevo con el nombre de  “la Mamona ” su nombre de calle y de batalla .

 

Pasaron presidentes, golpes de estado, se murió mi tía ahogada en la pampilla o la mató su esposo - nunca se supo -, se caso mi hermana y se largo lejos, se callo la iglesia “La Santilla” en el terremoto del 74 y Lulu se hizo vieja…

 

Lulú ya tenía unos sesenta años pero se podría decir que en esos años de vida había gozado ya experiencias como de dos siglos. La vejez y la diaria putería habían dejado huellas muy marcadas en su cuerpo y mente, mejor dicho, estaba reloca.

Lulú llevaba siempre en la frente unas arrugas negrísimas de pura cochinada. Su frente estaba siempre bañada de gotas de sudor que como cera de vela bajaban con mucha paciencia  moviendo toda la suciedad y grasa de su cara conviertiendonse en una abalancha de inmundicia volviendose cada vez más grandes y fuertes arrazando con todo y terminando en la boca cuartada de la vieja.

Lulú parecía disfrutar de su sudor y muchas veces me recordaba a un sapo verde sacando su lengua rojiza y puntiaguda lamiendose y disfrutando cada gota como si estuviera chupando un helado de fresas a las 12:00 del mediodía en pleno verano limeño.

Su  rostro se había convertido con el pasar de los años y males como un paneton italiano de tanto maltrato de cafichos y perversos. Sus ojos eran tan pequeñitos como unas pasas. Pero así y todo esos ojos negros chiquitos te penetraban hasta el alma cuando te miraban. Parecian decirte “ yo te conozco mejor que tu mamá, así que cuidado nomás… “

Su cara daba a veces miedo o risa. Miedo por esa mirada penetrante y risa por la falta de oreja y por su ceja derecha que era más grande y muchísimo más peluda que la de la izquierda. Su naríz la tenía aplastada y peludísima en forma de papa con muchos pelitos blanquitos y negritos que salían de los orificios.

La vieja tenía siempre una sonrisa de cínica arrogante mostrando sus únicos dos dientes de conejo que habían sobrevivido tango golpe y castigo. Sus tetas eran inmensas y caídas como dos globos sin aire, su panza era bien rolluda, fofa y sin forma pero siempre acogedora para acostarse debajo de un árbol y descansar. Su panza era una almohada para pobres.

La pobre Lulú no sólo se había vuelto vieja, loca y fea sino que para colmo era pobre.

Y es que se puede ser feo y que nadie lo condene, pero si es que tienes una cara de mierda y encima no tienes dinero o mejor dicho no tienes donde caerte de muerto como se dice en mi país ahí si que te jodistes, te cagastes, te vas a la mismísima, etc...

Bueno siguiendo con la vieja Lulu sino me desvio de mi historia quería decirles que ella había pasado de ser de la famosa “Mamona” a la menos famosa “Lulú de 1 Sol”  como entonces la apodaron los mocosos malcriados del barrio, donde solía trabajar y dormir nuestra querida Lulú “ Lulú perdoname desde el cielo por tanto chisme …”

“Lulu de 1 Sol” apodo bien dado porque sus servicios eran muy cómodos al alcanze de cada pinga loca. Aunque a veces había días que ofrecía también sus servicios por un par de cigarrillos o por un pan con huevo pero eso si tenía que ser pan fresco y con un huevo frito con la yema bien reventada.

 

Lulú era la amante y puta de todos los jardineros de los barrios pobres, de los locos calatos de Lima, de los ladrones fracazados, de los fumones misios, de los pirañitas de la parada y de mi amigo Miguelito.

El primer polvo de mi amigo fue con Lulú. Miguelito buscó para este pecado de carne el día de navidad, porque en ese día como le contaba siempre su abuela Dios perdona todos los pecados porque nació el niño Dios pero eso si decía siempre la abuela con voz ronca y seria - menos el homicidio y la infedilidad.-  

Miguel ya estaba arto de seguir siendo virgen con sus 14 años. Todos sus amigos ya se habían cachado a sus primas, a las tías viejas o a sus cholas de la casa

Que vulgar que soy, espero que me perdonen mis curas sádicos de mi ex-colegio « La Recoleta »   

 

Miguel odiaba esa palabrotra “ Cachar” como hablan los vulgarotes criollos de Lima, porque el bien educadito y de misas domigueras no salía de su boca esas palabrotas como tirar, coger, metersela, regarla, meterse un polvo, maltratarla o dejarle el sello, entre otras...

Estas frases eran ordinarias y no dignas de un joven que quiere ganar una beca para largarse a Europa. A las mujeres hay que respertarlas, decía siempre Miguelito, así estas sean unas putas, lesvianas, pajeras, testigas de jehovas o nínfomanas.

Miguelito era todo un caballero siempre vestido muy elegante con ropa barata de los ambulantes limeños, pero esto si, siempre muy impecable con camisas de colores que hacían doler los ojos de lo pacharaco que eran y unos zapatos negros que brillaban más que el puto sol caribeño.

 

Miguelito no sólo era el hombre más limpio sino el hombre más arrecho de Lima y alrededores. Miguelito se pajeaba todos los santos días disfrutando de su mano y sufriendo a la vez por tanta perversidad y así vivía pajeandose y maltratando su alma pero premiando su cuerpo.

Se la corría pensando en su mamá, en su hermana, en su tía y hasta una vez en su abuelita - el muy pervertido, mañoso, arrecho, carretero, trompito y puto.-

 

 “Que Dios se compadesca de su alma y de mi por chismoso”

 

Miguelito se pajeaba siempre debajo de la cruz de acero que su mamá había comprado en Huancayo, mirando al techo con los ojos sobresalidos y babeando como un perro sarnoso. Miguelito se acariciaba su pinga, que era pequeña pero bien gruesa y que más parecía un corcho de vino que una pichula de hombre.

Miguelito botaba siempre mucha leche pero tanta leche que no exagero si digo que hasta cuatro desnutridos del Africa estarían bien alimentados. Después de pajearse Miguelito hacía siempre dos cosas primero se persinaba dos veces arrodillado y con lo ojos bien cerrados porque no se atrevía a ver la cruz de tanta verguenza y en segundo lugar limpiaba las huellas de su lujuria.

 

Así tan arrecho y todo seguía el pobre hombre sin haber sentido una mujer ni siquiera una chupadita del pipi de la prima como se comienza en Lima había recibido el arrechón de Miguel.

Y es que por más buena gente que era Miguelito nadie lo quería. Sólo como un amigo lo estimaban las chicas y es que las limeñitas no querían ni un sólo beso en la mejilla de tremendo enano horrible de zapatos brillosos pero de pies chiquitos, porque a las peruanas les gustan los hombres con  dolares, con coche de moda, medios gringitos y mucho mejor con unos pies grandes y de pecho bien velludo.

- Y es que antes era de moda estar velludo. Eran tiempos de machos y de series como Magnum. Ahora hay mucha mariconada y hay  hasta que sacarse a mar de lagrimas  los pelos del culo para que tu novia no te vomite en tu cara-

 

Tanto que lo jodian se decidió entonces el hombre a probarlo primero con una puta.

Y como es el destino de perro caminaba Miguelito contento e ilusionado en dirección a la parada del autobus “Cocharca” que lo llevaría a la “Nene”, un búrdel limeño con putas a precio comodo y de buenas maneras cuando derrepente vió a Lulú  en el parque “Los Olivos” bien sentada ella como una dama debajo de un árbol leyendo un periódico viejo y arrugado. Se cruzaron las miradas y Miguelito la saludo sonriendo con mucho respeto bajando su cabezota de televisor.

Lulu lo endulzó bien coquetona con su mirada de perra en celo y respondiendo el saludo le preguntó la media bruja que adónde iba tan elegante.

Miguelito tan sincero como siempre le contó avergonzado que quería volverse ya en un ombre de verdad, que sino lo hacía ya pronto se volvería un mariquita y nunca se casaría, no tendría hijos y se iría al infierno donde se encontraría a su tío Ignacio que murió acuchillado por su propia esposa que ciega de celos y de envidia mató al tío de una sola acuchillada en el estómago. La mujer engañada no pudo aguantar el odio al ver a su marido bien marica en la cama con el compadre de toda la vida. Los dos bien senoritas viendo una telenovela y masturbandose en sus sábanas casi nuevas que acababa de haber lavado el fin de semana.

Miguelito no se explica hasta ahora porque derrepente le contó todo eso a Lulu. Miguelito desahogó todo su paquete de perversidades y Lulú percibió que Miguelito se estaba volviendo loco de tanta arrechura y tan buena que era ella se decidió a ayudarlo.

 

Miguel se sintió tan bien como nunca. Se sentó al lado de la vieja y habló y habló con ella unas dos horas. La vieja se reía nomás moviendo su cabeza de arriba a abajo o de izquierda a derecha.

Miguel despertó de un momento a otro y termino de contar su novela. Se levantó un poco desconcertado y cuando se quería despedir de Lulu para olvidarla para siempre, sintió derrepente la mano de la vieja tocando sus huevitos chiquitos que estaban así por el frío del pasto humedo y por el miedo de los dedos hambrientos.

Lulu le abrió la brageta metió la mano y agarró esa bestia grande y roja. Era ya de noche y aparte de un par de chiquillos que miraban con ganas de ver algo prohíbido detrás de un árbol no había nadie.

Miguel se acomodo al costado de la vieja dándole a Lulu la señal de “ahora o nunca” entonces Lulu feliz lamiendose los labios se bajo el calzón hasta las rodillas…

Métemela dijo gimiendo. Métemela Miguelito. Miguelito se subió y el olor de esa cosita negra lo puso como dinamita. Se le prendió la luz y Miguel se la incrustó con fuerza, fue brutal, le mordió el cuello sucio, la única oreja y le lamió la cara.

-Vente, vente papito- gritaba la vieja. Miguel chilló desesperado dime “Miguelón CARAJO”, dímelo por lo que más quieras…

La vieja cumplió su deseo y Miguelón se vino como nunca se había venido, gritando felíz y sacudiendo su cuerpo como un epiléptico.

Pasaron los años…y Lulu murió un domingo de verano... tirada al costado de un árbol sin hojas con la boca abierta en las cuales paseaban un par de moscas atrevidas, los ojos blancos con lágrimas secas y sus uñas llenas de tierra…

-Que estes en la gloria de nuestro Señor y no te molestes por favor conmigo por tanto chismes y protégeme de las putas malas y dame fuerza para seguir tirando-

Miguelito llegó a Europa y ahora domingo tomando unos roncitos con mi amigo del alma nos acordamos de Lulu. Miguel se rie bien coquetón y prende un cigarrillo. Su mujer una gorda sueca con piel de chancho lo mira molesta, porque odia que Miguelito fume y le deje apestando su ropa. La gringa se voltea y mira la tele ignorando nuestros recuerdos…

 

Autor: Palito

 

 Aufgabe

-De quién se trata en la historia de Miguelito o Lulu? Worum geht es in der Geschichte über Miguel oder Lulu.

- Warum stirbt Lulu?

 

Vocabulario

- Labios: Lippen

- Carajo: Verdammt

- Se cruzaron las miradas: die Blicken trafen sich

- Ciega de celos: Blind vor Eifersucht

- Amigo del alma: Mein bester Freund

- Desesperado: verzweifelt

- Dame fuerza: Gibt mir Kraft!